Al no estar debidamente reglamentada la profesión de perito calígrafo, es evidente que el dictamen rendido por dos profesores de instrucción, sobre la falsificación de un documento, debe considerarse como una perfecta prueba pericial, pues la profesión que tienen hace que se les suponga debidamente preparados para emitir el dictamen.
Amparo penal directo 1704/38. Báez Albino. 28 de octubre de 1938. Unanimidad de cinco votos. La publicación no menciona el nombre del ponente.