Para que la legítima defensa exista, se requiere que el agredido repele una agresión actual, inminente, violenta y sin derecho; y tratándose de riña, la inminente agresión no puede existir, ya que tal concepto implica la imposibilidad de eludir el peligro, y en la riña se prevé la agresión y se puede fácilmente evitarla por otros medios legales.
Amparo directo.—López Celso.—30 de abril de 1919.—Unanimidad de nueve votos.
Amparo directo 2060/30.—Román Aurelio.—12 de agosto de 1931.—Unanimidad de cuatro votos.
Amparo directo 20/32.—Chávez Jerónimo.—23 de agosto de 1933.—Unanimidad de cuatro votos.
Amparo en revisión 484/34.—Domínguez Juan M.—3 de julio de 1935.—Cinco votos.
Amparo directo 5003/33.—Peláez Villa Ángel.—21 de enero de 1938.—Unanimidad de cuatro votos.
Apéndice 1917-2000, Tomo II, Materia Penal, Jurisprudencia, Tesis Históricas, página 770, Primera Sala, tesis 188 (H).
Nota: Histórica conforme a la nota genérica 2.